MI ENEMIGO INTERIOR
Sorprendida, la vi caer
sobre el sofá y lanzar un objeto sobre mi escritorio. Era un preservativo.
Temblaban sus manos y visiblemente furiosa me increpó.
—Señora,¡ tiene que investigar! Lo encontré
en la escalera del fondo, la que está sin luz!
Miré el objeto y pensé : el auxiliar de aseo no vio aquel implemento cuando realizó sus labores.
Aun así, no era motivo suficiente para desencadenar la
reacción histérica de la profesora.
Ella debería comprender que en una escuela de adultos, el amor y los estudios se
pueden mezclar.
. Me escuché calmadamente preguntar:
¿Colega, hace cuánto tiempo que “no le ve el
ojo a la papa”?
La profesora la miró con ojos desorbitados y
espetó — ¿Qué dijo, señora?
Espantada, ante mi desaguisado, respiré hondo y traté de "enmendar
la plana".
—Señora
Margarita ¿Qué puedo hacer para tranquilizarla?
La madura profesora de Historia se levantó del sillón y
me miró fijamente. La duda asomada a sus ojos, frunció el ceño, sacó un pañuelo, limpió
sus anteojos, me miró fijamente. Incrédula, dudaba.
Luego tomó el paquete, lo lanzó con violencia al papelero. Abrió
la puerta para salir.
El
portazo me sobresaltó.
Respiré aliviada, pero hasta hoy creo, que en mi interior se esconde
un oscuro personaje que pregunta barbaridades, sin mi permiso.

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